Aún no digerimos la noticia que no ha dejado indiferente a nadie y que afecta directamente a las oportunidades de vivir de todas esas personas que dejarían de recibir sangre de un donante porque se puede llegar a restringir a un gran sector de la sociedad el poder donar. Me refiero a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avale que los homosexuales (solo los hombres, especifican, que se hayan acostado con hombres) “puedan ser excluidos permanentemente de donar sangre si lo justifica la situación sanitaria en su país”, porque da por hecho algo tan peregrino como que homosexualidad y enfermedad infecciosa, están íntimamente relacionados. Claro que no podemos dar la espalda a una enfermedad como el sida, que aunque siga siendo tabú, no deja de extenderse dramáticamente, pero sabemos que esto lamentablemente ocurre tanto en hombres como en mujeres. Al margen de los embarazos no deseados y la extendida y banalizada práctica del aborto, hay que seguir insistiendo en el respeto y la responsabilidad ante el peligro de las infecciones de transmisión sexual y recordar lo fácil y rápidamente que se contagian ya se habla de una “tendencia al alza” del sida, que aumenta su incidencia en todas las franjas de edad, aunque la mayoría de los nuevos infectados tienen una media de 37 años y en el 80% de los casos se han contagiado por vía sexual. Los datos son apabullantes: casi un tercio de los 4.000 nuevos infectados por VIH cada año en España son jóvenes de entre 20 y 29 años, ¡pero no son necesariamente gays!

Un donante, tres vidas

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