Mañana se cumplen veinte años sin Goyo. Gregorio Ordóñez decía valiente y abiertamente que no podía más. Que no podía soportar que la libertad de expresión tuviera pena de muerte. Se hartó de ver tantos atentados, sangre derramada, yugo, sufrimiento, fanatismo… Salió en defensa de la libertad, de la vida, y eso le costó la suya. Nacía, con su arrojo y pundonor, el famoso movimiento Basta Ya. Pero al mismo tiempo en que con su honestidad y valor se abría paso la esperanza, esa luz al final de un lúgubre túnel en el que nos metieron los asesinos, se revolvían los que veían peligrar los cimientos del nacionalismo y su impunidad a la hora de defenderlos. Los mismos que se burlaron décadas de la democracia, y creyeron vivir un conflicto permanente, decidieron quitarlo del medio. Un tiro en la nuca a corta distancia acabó con los sueños de un verdadero liberador del País Vasco, un ejemplo de democracia, amante de la paz y la libertad. Hoy seguimos luchando contra el terrorismo, los chantajes, las masacres y las torturas deseando que puedan algún día vencerse. Seguimos horrorizados con los últimos asesinatos del grupo terrorista nigeriano Boko Haram. Que se proteja a los civiles y se denuncien y juzguen las violaciones de derechos humanos. El mundo entero debe colaborar en que se lleven a cabo acciones que acaben con esa brutal situación. La ONU ha emitido un Comunicado Presidencial condenando el terror de Boko Haram, y es que no podemos acostumbrarnos a la injusticia porque el terror jamás dejará de generar indignación mundial.

Siempre en nuestra memoria

| La Razón | 0 Comments
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