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Por: Edwin Bohórquez Aya
En Twitter: @EdwinBohorquezA

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“Creo que el perdón sólo lo puede dar la víctima”, dice Irene Villa. / AP

¿Se puede perdonar sin justicia de por medio?

Nuestro caso prescribió sin culpables hace cinco años, sin embargo, nuestra decisión de perdonar se remonta casi al mismo mes en el que sufrimos aquel atentado sangriento: octubre de 1991. Creo que el perdón sólo lo puede dar la víctima para poder retomar su vida y empezar a luchar para levantarse. Pero lo que la justicia tiene que hacer es justamente eso: justicia.

En un proceso de paz como el que se adelanta en Colombia, ¿habrá que aceptar que los líderes de la guerrilla se libren de pasar por prisión?

Creo que son independientes el proceso de reconciliación y el perdón de las víctimas con la justicia. Quien hace algún daño tiene que pagarlo, independientemente de que se arrepienta y pida perdón. En eso se basa un Estado de derecho: quien la hace, la paga. Y una vez que haya cumplido su condena, por supuesto que creo en la reinserción en la sociedad y en las nuevas oportunidades.

La guerra es un negocio. Los muertos los ponen los pobres. ¿Cree que las víctimas del conflicto colombiano perdonarán a quienes tanto las han hecho sufrir?

Claro que es un negocio, por lo que creo que cualquier crimen debe ser juzgado como tal. Y deseo que todos los colombianos que han sufrido tanto puedan perdonar para poder empezar de cero y liberarse de esos que masacraron su vida. El perdón es sin duda una liberación, mientras que cualquier otro sentimiento, de rabia o ira, te mantiene atado al agresor.

¿Cómo lograr una reconciliación verdadera y de corazón después de tanta violencia?

Con el arrepentimiento de los violentos, pero principalmente con las ganas de superación de las víctimas, a las que no les queda otro remedio que aceptar lo vivido tan injustamente y empezar una vida nueva en la que el amor sea el principal motor.

Usted habla del amor, del que le dieron los demás para poder vivir. Cuéntenos su experiencia.

Mi caso fue muy sonado porque las cámaras estaban grabando muy cerca de nuestro atentado y nos capturaron desangrándonos en medio de la carretera. Eso sensibilizó a la opinión pública y aún continúan las muestras de cariño, incluso con todo aquel que nos cruzamos por la calle. Eso fue clave para recuperarnos y por ello no hemos parado de compartir ese cariño con otras víctimas anónimas, siendo su voz y su apoyo. Y luchando por tres máximas: memoria, dignidad y justicia.

Hace referencia a las tres pes: paciencia, perseverancia y prudencia. ¿Cómo las aplicaría a los colombianos?

Son tres fundamentales pilares para mirar siempre hacia delante y conseguir los objetivos que uno se fije en la vida. En el caso de mi querida Colombia, la perseverancia en valores de supervivencia, lucha y fe en un futuro mejor son necesarios. También, por supuesto, la prudencia para no cometer más crímenes que combatan los crímenes que ya han dejado tanto dolor irremediable. Y paciencia para superar un pasado de tanto sufrimiento sin contagiarnos de eso tan negativo de lo que se han llenado los que han participado de la violencia y se han lucrado con ese suculento y deleznable negocio de la guerra.

¿Cómo superar el miedo, cómo convertirlo, a la vez, en una herramienta para superar obstáculos?

El miedo es algo completamente paralizante, que no te deja avanzar. Por ello jamás quisimos someternos al miedo. Mi planteamiento para ello fue sencillo: no voy a consentir que, además de quitarme las piernas, me quiten la serenidad, la fe en un mundo bueno y justo y el amor por la vida. Y todo eso tan vital e importante es lo que te arrebata el miedo.

Usted es esquiadora. ¿Qué representa el deporte en el proceso de seguir adelante?

El deporte ha sido vital en mi vida porque me ha dado calidad de vida, control de mi cuerpo, autoestima y sociabilidad. Además, la competición hizo que creciese, incluso interiormente, porque la fortaleza mental es fundamental ante cualquier competición.

En Colombia hay víctimas que han decidido no perdonar. ¿Qué les dice?

Que no lo hagan por el agresor, por el que destrozó sus vidas, sino que lo hagan por ellos mismos, para poder mirar hacia delante sin tanto dolor y poder enfrentar una vida mejor. Por supuesto que es una decisión libre, que sólo puede tomar la víctima, pero me consta que es muy sanadora y terapéutica de cara al futuro. Hay una frase que siempre digo en mis conferencias: si quieres ser feliz un día, véngate; pero si quieres ser feliz toda la vida, perdona.

En Colombia hay políticos que declararon la guerra a la guerrilla y no lograron vencerla. Ahora son los grandes críticos del proceso de paz. ¿Cuál es el mensaje para ellos?

Los comprendo perfectamente porque en España tampoco nos gustó en absoluto, al colectivo de víctimas, el proceso de diálogo abierto con los asesinos, porque entendimos que con terroristas no se negocia. Queríamos que se les venciese: que hubiese vencedores y vencidos, con la ley en la mano y la unidad de todo un país. Lamentablemente, los asesinatos siguieron y no nos quedó otra opción que ceder en cierta forma. Espero y deseo que los colombianos no vuelvan a sufrir esa doble victimización y se haga justicia ante la injusticia impuesta por quienes ya nos han robado lo más preciado: la vida humana.

Quien hace daño tiene que pagarlo

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