La Siesta Magazine

Si tuviéramos que elegir un rostro para el pensamiento positivo seguramente tendríamos varios candidatos, pero sin duda entre ellos estaría Irene Villa, una persona cuya vida dio un vuelco hace cerca de 25 años pero que –haciendo uso de una frase popular– cogió ese limón y se hizo con él un zumo…al que puso hielo, azúcar y una sombrillita para seguir disfrutando de la vida en buena compañía. Eso sí, también ha tenido que añadir grandes dosis de esfuerzo y constancia, pero el resultado, a la vista está, vale la pena.

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A sus 37 años Irene ha cumplido ya muchos sueños, entre ellos tener dos hijos (un número que seguramente crecerá) que son lo más “importante y maravilloso” que le ha pasado en la vida, según nos cuenta en una entrevista concedida a ‘La Siesta Magazine’. Hace poco se ha embarcado en una nueva aventura: crear una fundación para personas con discapacidad que lleva su nombre y cuyo objetivo es “que otras personas cumplan sus sueños, precisamente porque creo que los mios los cumplí todos!!”.

“Es una organización que nace desde el agradecimiento y pretende ser motor para impulsar la integración de las personas con discapacidad física, intelecual y sensorial –tampoco nos olvidamos de enfermedades raras– en la sociedad en diferentes aspectos como el deporte, la formación o el empleo”. Pero además de su labor propia, también quieren “apoyar y dar visibilidad a la labor de otras fundaciones, así como asesorar a empresas y particulares sobre las ventajas de incorporar a personas con discapacidad en sus plantillas”.

IMG_1516 IMG_1520 IMG_1543 IMG_1559 Precisamente, esta labor es la que le ha traído unos días a Mallorca, donde ha tenido una apretada agenda para poder llevar a la práctica algunos de sus grandes objetivos: “Devolver todo el cariño que recibo, promover los mismos valores que a mí me han servido y transmitir la importancia de la paz y el perdón para una vida plena”.

Nos habla con entusiasmo de las dos asociaciones a las que ha venido a apoyar a Mallorca. Se trata de Down i Més, creado por un grupo de padres de niños con Síndrome de Down preocupados por su presente y su futuro, y decididos a defender todos sus derechos dentro de la sociedad, y la Fundación Natzaret, una organización que acoge a niños y niñas procedentes de familias que no pueden satisfacer sus necesidades.

Precisamente en ésta última se ambientada la novela que acaba de terminar Irene, ‘Como el sol para las flores’, la segunda que ha escrito. Aunque nos asegura que todo lo que en ella se cuenta es inventado, decidió ambientar la novela en una casa de acogida tras enamorarse “del ambiente que viven allí”.

Irene asegura que escribe para “plasmar las ideas que me rondan, que me han ayudado, o situaciones en las que me encuentro y cómo creo que es mejor afrontarlas. A veces me inspiran noticias que me hielan la sangre, pero siempre trato de dar un enfoque positivo y general a mis columnas, por ejemplo, para que le sirva a cualquier persona que lo lea”.

Cena Fundación Natzaret-126

La colaboración que mantiene la Fundación Irene Villa con las dos organizaciones con las que ha colaborado estos días tiene como base la idea de dar a conocer a los colectivos de personas que atraviesan más dificultades. “Como leí una vez, es muy difícil amar (luchar o defender) lo que no se conoce, de ahí nuestro empeño en la normalización e inclusión de estos colectivos”.

Y es que para Irene lo principal es que la sociedad vea como algo normal las discapacidades que pueda tener una persona. Y nos pone un ejemplo muy cercano: “Mi hijo está tan acostumbrado a amigas que van en sillas de ruedas que lo ve normal. No pregunta qué le ha pasado, sino que asume que hay gente así. Creo que eso es lo más positivo, ni ventajas ni discriminación, sino normalizar la situación que desgraciadamente, por culpa de accidentes o enfermedades, cada vez tiene que afrontar más gente”.

Por ello, también asegura ser partidaria de que puedan verse imágenes duras en los medios de comunicación, aunque evitando eso sí que las puedan ver los niños. “Lo que no se ve no existe y casos terribles como los que generan cualquier tipo de violencia deben verse para condenarse”, afirma. Aunque la facilidad con la que se pueden viralizar ahora imágenes de todo tipo a través de las redes sociales tienen para ella un peligro claro: “que dejemos de sensibilizarnos ante el dolor ajeno”.

Irene cree además que a las personas que viven en esta circunstancia están mejor definidas como “personas con ca pacidades diferentes”. “A mí siempre me dicen: con todo lo que haces, ¡tienes más capacidades que yo!. Creo firmemente que todos tenemos un gran potencial, pero que a veces no sale hasta que la situación lo requiere y nosotros lo tenemos que sacar a la fuerza. ¡No nos queda otra opción!”

Además, a su juicio, la sociedad está perfectamente preparada para ayudar a los que más apoyo precisan. “Hasta lo necesita. Todos los voluntarios que he conocido han acabado siempre dándonos las gracias porque consideran que han sido ellos los primeros beneficiados por lo que viven, aprenden y valoran”. Además, la sociedad se va organizando más cada vez para emprender esta tarea, algo que cree que viene “del compromiso social y la visibilidad de colectivos que quizá antes desconocíamos”.

Pero poder llevarlo a cabo, pide también a los gobiernos autonómicos y ayuntamientos que acaban de ponerse en marcha “una buena gestión, proyectos sostenibles, normalización, inclusión…las barreras más difíciles ya las saltamos nosotros, lo que pedimos es que no nos pongan más”.

Hace años que Irene denuncia abusos e injusticias de muchos tipos. Uno que le duele especialmente es la discriminación, sobre todo de los niños. Por ello, considera fundamental “hacerles sentir que no están solos y que podrán superarlo. Darles las herramientas para hacerlo y creer en ellos. Creo que no hay nada tan potente como la esperanza y que alguien confíe en tí. Aunque en mi caso a veces no creían que podría y eso fue también acicate para lanzarme a ello y demostrar que sí podía”.

Y eso es también lo que quiere dejar como lejado a sus hijos, de los que asegura que “han llenado nuestra vida de más ilusión y mucha más felicidad”. A ellos les dedica tres consejos “sencillos pero vitales: mira al frente, ten valor y jamás te rindas; aunque también esfuerzo, disciplina, humildad, paciencia, prudencia, perseverancia…los mismos con los que yo creí y que me han sido tan útiles para superar mil experiencias menos fáciles”.

Claro que en esta vida tan intensa también ha habido momentos bajos. Pero igualmente en esos casos Irene ha sabido encontrar una motivación. “Siempre se puede dar la vuelta a todo y hacer de nuestra debilidad, una fortaleza. Cuando era pequeña fue absolutamente revelador ver a otros amputados caminar, me decía “si ellos pueden, ¿yo por qué no?”. También le ha ayudado “el hecho de ver la vida como una nueva oportunidad, un regalo a veces demasiado fugaz. Siempre podemos hacer una lectura positiva, y esa será la forma más beneficiosa, productiva e inteligente de afrontar lo que venga”.

Por último, le pedimos que ofrezca unas palabras de ánimo a las personas que puedan sentirse estancadas o atrapadas en una situación de la que le resulta difícil salir. Y lo tiene claro. “La única derrota es el desaliento”, nos cuenta, invitando a seguir adelante “porque la vida es una eterna lucha y aquí hemos venido a eso, a luchar, y aunque haya etapas de tregua, casi siempre hay que estar en guardia con una sonrisa y la generosidad como mejores e indiscutibles armas”.

La ilusión y el esfuerzo como camino

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