BOGOTÁ. COLOMBIA
NICOLÁS BUSTAMANTE
Redactor de EL TIEMPO

Su primer renacimiento fue en 1991, tras el atentado que sufrió cuando iba con su mamá rumbo a la escuela.

El carro en el que viajaban llevaba una bomba que, se cree, iba dirigida a la comisaría en la que trabajaba su mamá, quien perdió una pierna y un brazo. Tras el hecho, ambas mujeres tuvieron que afrontar largas y duras recuperaciones y rehabilitaciones.

Irene tenía 12 años y gracias al apoyo de su mamá, que la invitó a seguir adelante, hoy, a los 37, es una mujer fuerte. Ha dedicado su vida a luchar por otras víctimas del terrorismo en España y otros países de Europa.

Dice que es una luchadora de la vida, una persona contagiadora de derechos humanos y de amor, a pesar de las circunstancias, los avatares, los hechos traumáticos, violentos o difíciles de superar. “Creo que la vida siempre merece la pena”, asegura.

Irene está de visita en Colombia, como conferencista en el World Business Forum (WBF), evento económico global que se inicia este lunes y por primera vez tendrá como sede el país.

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Dictará su charla ‘Saber que se puede’, nombre de su primer libro, autobiografía que abarca desde antes del accidente hasta hace unos pocos meses, cuando el papa Francisco recibió un ejemplar de la obra.

Luego de salir de una cita ginecológica en la que la autorizaron que podía viajar a Colombia –está embarazada de su tercer hijo–, la periodista habló con EL TIEMPO sobre las enseñanzas que trae.

Entre ellas, que buena parte de su crecimiento personal lo alcanzó gracias al deporte, pasión que descubrió en el esquí paralímpico, tema del que habla con especial emoción.

Ese octubre del 2011 seguramente significa para usted mucho más que la unión de varias coincidencias…

Fue un renacer para mí. Yo he tenido varios renacimientos: el primero, en 1991, cuando estaba señalado que yo iba a ser asesinada y, sin embargo, volví a nacer; otro importantísimo fue cuando me casé, en junio del 2011. Pero, por supuesto, ese año fue un nacimiento en todos los sentidos, como futura mamá y como una persona que dejaba atrás 20 años de lucha activa contra el terrorismo. Bueno, de cierta manera, porque en Europa tenemos terrorismo en muchas partes, algo que no va a terminar nunca.

(Además: Los empresarios no deben dejar las ganas de aprender)

¿De qué hablará?

Voy a contagiar valores positivos de vida, amor y perdón. Me consta que hay historias maravillosas de este tipo en Colombia, pues tuve la suerte de asistir a dos congresos de víctimas de violencia y terrorismo internacional, una en Bogotá en el 2005 y la otra en Medellín en el 2009. Mi aporte a las empresas que asistan al evento será darles fuerza a sus directivos y a sus empleados para que crean en ellos mismos y así mejoren su presente, su rendimiento, su entendimiento y, por ende, su crecimiento laboral y familiar.

¿Por qué la invitan a un evento económico?

Hay una parte importantísima en las empresas, que es la inteligencia emocional. Porque, por un lado, están la estrategia empresarial y todos los temas económicos y por el otro, el ser humano, la fuerza, la voluntad, el sacrificio, la autoconfianza y la autodisciplina, algo de lo que hablo desde mi experiencia deportiva.

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A las empresas no les deben importar solo los estudios y la inteligencia para los negocios de sus empleados, sino que deben preocuparse también por la inteligencia emocional de ellos, que cumple un papel importantísimo para el enriquecimiento y la mejora de las empresas.

Usted habla con mucha emoción del deporte. ¿Qué significa en su vida?

Otro antes y después, pues gracias a él tengo más control de mi cuerpo. A una persona con discapacidad, sin piernas, le va a costar hacer muchas actividades diarias que requieren un esfuerzo físico, como manejar las prótesis, las muletas o la silla de ruedas. El deporte nos cambia la vida radicalmente y nos da fortaleza, además de la autoestima, que es lo más importante.

El deporte también nos ayuda a ser más sociables pues nos obliga a estar con otras personas. A mí me ha dado el amor, porque en la ceremonia de un evento de deportes conocí a mi marido.

Usted sufrió una situación traumática a una edad temprana. ¿Cómo llegó a convertirse en alguien que ayuda a otras víctimas a reivindicarse?

Ha sido un camino muy largo, no puedo decir que fue algo que pasó de la noche a la mañana. Mi conferencia no es sobre un hecho específico que superé. Ha sido toda una vida luchando con avatares, no solamente por el atentado sino por lesiones deportivas muy graves que he tenido, o por operaciones para tener más calidad de vida.

Todo eso me ha hecho aprender mucho. Una de las cosas de las que quiero convencer a la gente es de la importancia del apoyo social, que yo recibí además del de mi familia. Yo no me imagino cómo hubiese sido mi vida sin el apoyo de tanta gente. Aunque he sufrido muchísimo, descubrí que el espíritu humano es inquebrantable y que uno no sabe lo fuerte que es hasta que ser fuerte es tu única opción.

¿En qué momento usted supo que saldría adelante?

Desde que mi madre me dijo: “Hija, esto es lo que hay y tienes dos opciones, vivir amargada o decidir que tu vida empieza aquí”. Cuando decides lo segundo, cuando descubres que no te queda opción que luchar, sabes que se puede, porque confías en ti y no tienes nada que perder y sí mucho que ganar; ahí es cuando disfrutas, das todo y aprovechas y trabajas. Todo se consigue con esfuerzo, trabajo, perseverancia, constancia y voluntad.

¿Cuándo se convierte en una abanderada de los derechos de otras víctimas?

Esto no fue tanto una decisión mía, sino de la sociedad y los medios de comunicación, que me instaban a ser la voz de otras víctimas que no tenían voz. Era muy pequeña cuando ya me invitaban a programas y me hacían entrevistas. Ya cuando me profesionalicé, siempre he tenido trabajo y lo he aprovechado para ser la voz de los que no la tienen y de las víctimas del terrorismo, quienes siempre me dicen que he sido un apoyo para ellas, dando con mi mensaje de amor, perdón y superación.

¿Hablará de las 3 ‘P’: paciencia, perseverancia y prudencia?

Eso es algo que no se negocia, algo que debe estar sí o sí; son elementos que, al igual que la autoestima, uno debe alimentar día a día, tengas o no una discapacidad. Estos valores son imprescindibles en nuestra vida.

Se referirá a cómo convertir el miedo en retos por superar. ¿Cómo se logra?

El miedo te paraliza y ahuyenta el amor, que es algo que yo trato de transmitir como el arma más poderosa, como motor de todo, como principio y fin de la vida de toda persona. Hay que dejar entrar al amor y que no entre más el miedo, que no tiene nada positivo que ofrecer… Hay que transformarlo en ganas de retos y desafíos, creyendo en uno mismo y superando ese sentimiento, que es humano pero que no nos puede condicionar la vida.

Usted ha trabajado por las víctimas, siempre con una postura firme frente a los terroristas. De firmarse la paz en Colombia, ¿qué actitud deberíamos asumir los colombianos frente a los excombatientes?

Es algo duro, muy difícil, y tendría que estar en su piel para poder decirlo. Yo creo que para atrás, ni para coger impulso, y eso implica perdonar, que es muy duro; y sé que muchas víctimas que lean esto dirán: ‘¿Pero cómo voy a perdonar a quien me ha asesinado a mi hijo?’ Creo firmemente que es la única salida para que uno pueda aceptar una realidad terrorífica, pues esta no va a desaparecer porque deje de hacerlo.

Debemos perdonar para seguir vivos y hacerlo con la mayor dignidad del mundo. Vivir anclados en el dolor significa aceptar que no solamente mataron a un ser querido, sino que te mataron a ti en vida, con el odio y el dolor para siempre.

¿Qué hace cuando decae y qué la motiva a seguir adelante cuando eso pasa?

Cuando tienes hijos ya no decaes, es imposible cuando tienes sus sonrisas, su alegría e inocencia esperándote en casa. Gracias a Dios ahora estoy en esa etapa de madre total y es imposible caer.

Pero, cuando he tenido momentos de flaqueza, lo que me ha sacado adelante es saber que la única derrota es rendirme y que se tiene adelante toda una vida para conseguir lo que se desea y que se puede superar cualquier bache, viendo la vida como un regalo y no como algo negativo. La vida siempre es un regalo y hay que luchar por ella.

Cuando ser fuerte es la única opción

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